Madrid-Cork: tres días y dos noches

¿Cuánto se tarda en llegar a Cork, desde Madrid? Lo normal es coger un avión, salir de Barajas y llegar en poco más de 2 horas a Cork-Airport. Oirás la orden de la azafata diciendo “Fasten your belts”; te asomarás, con mucha curiosidad por el ojo del buey del avión…(tengo que averiguar por qué lo llaman así,ó será que los bueyes lo ven todo desde las alturas) y te sorprenderá ver un aeropuerto en miniatura, de color verde con vacas pastando a su alrededor. Simplemente una preciosidad. Y es que en Irlanda, todo es verde, la tierra, el agua, y hasta el cielo tiene el mismo pigmento esmeralda. Incluido unos curiosos personajes, que como no podía ser de otra manera, también se visten de verde. Aparecen y desaparecen sin pedir permiso, se dedican a hacer mil trastadas y a reírse de ti al menor descuido. Los llaman Lepercons. La misma palabra lo dice: son unos cabras locas, saltimbanquis escurridizos que se divierten a costa del vecino, y mucho más de los turistas despistados -míralo todo-, extraviándoles las maletas, moviendo los indicadores y señales de información, y cambiando las cosas de sitio. Al final, como no te enteras de nada, estás en un país extranjero, el idioma inglés apenas lo dominas, y mucho menos la versión irlandesa del honorable Shakespeare, unido a la estimable ayuda desorientadora de los endemoniados Lepercons, te ves obligado a preguntar en tu “broken english” de la versión CCC, my tailor is rich. Pero bueno, esa es otra historia que añadiré más adelante.

Íbamos diciendo que Madrid–Cork es un agradable viaje en avión de poco más de 2 horas. Pues apriétense el cinturón porque yo conozco a un personaje que se hizo el mismo viaje en tren y barco. Tres días y dos noches en blanco para recorrer la misma distancia, que a esa velocidad, con trenes de la hora y ferrys nocturnos son dos hora que se convierten en una eternidad. Repito, tres días a base de bocata y dos noches sin pegar ojo. Por lo que el sufrido viajero me explicó, cada vez que miraba por encima de la ventanilla del tren y observaba algún avión por encima de su cabeza en dirección norte, lloraba lagrimones de disgusto. El mapa del recorrido pudo ser más corto, pero el dinero no le alcanzaba tanto como su deseo de llegar a la tierra de la lira y los Lepercons, a costa de lo que fuera, siempre y cuando su exigua economía le alcanzara para ello. Su carné de estudiante del SEU le marcaba tajante como un logotipo de marca. Joven, universitario y pobre son sinónimos.

….continuará…

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